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[Déjame que te cuente] Un día de puños

mayo 23rd, 2018 | by Erika Vásquez
[Déjame que te cuente] Un día de puños
Columna | Déjame que te Cuente
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Clase maestra de: Boxeo

Los pies no paran casi nunca. Los brazos se estiran y recogen una y otra vez. La cintura se desgasta en cada balanceo. Más de 16 boxeadores participan en el viernes de sparring que hoy disfrutamos. Entre los peleadores se encuentra Jorvi Farroñan, reciente deportista al que se le ha otorgado la beca olímpica.

Por Erika Vásquez Zárate (@VasquezErika28) / Foto Erikson Montenegro

Se escucha un murmullo afuera de la  Bombonera del Estadio Nacional. Mientras más cerca estamos, el susurro se va incrementando. Con una baja iluminación, se puede ver un ring de boxeo preparado para recibir la acción de los puños. Los peleadores están dispersos en las tribunas, algunos ríen, otros fijan su mirada al centro, concentrados, visualizando su próximo combate. 

Previa

Un hombre a través de un megáfono anuncia a los pugilistas el orden de las peleas para este viernes. El murmullo se hace menor y varios de los que estaban en las tribunas comienzan a desaparecer. El primer combate será entre chica vs. chico. Ambos peleadores están detrás del ring, asegurándose los guantes y el cabezal. Sus bocas se hinchan al aceptar a un inquilino protector de dientes. Dan unos saltos y cada uno se dirige a su esquina, azul y roja, siempre. 

La mujer es un poco más baja a comparación del hombre que hoy hace el papel de su contrincante. Ambos se ubican al medio del ring y mantienen un pequeño duelo de miradas, se miden y no hay sonrisas de por medio. Vuelven a su esquina y a los segundos retornan al medio del cuadrilátero que ya comienza a temblar por los pequeños saltos que producen los boxeadores. 

Los entrenadores están detrás de cada esquina atentos, deseando que sus pupilos hagan su mejor actuación, esperando atentos a que ellos vengan para curar sus heridas. Cada “profe” maneja una botella de agua, un balde y toallas. Listos para dar la recuperación necesaria. 

Boxeo

La campana es el “pitazo inicial” de este deporte. Comienza el tanteo, el seguimiento en salto de los rivales. Los brazos se estiran y encogen una y otra vez, los guantes siempre arriba. Cuando no están contemplados en el aire, se colocan en forma de escudo, como un marco protector de la cara. El cabezal transforma los rostros ovalados en pequeños cuadrados donde lo que más resalta son los ojos y la boca hinchada de cada pugilista. 

Ambos boxeadores se observan, tal como los animales cuando ven a una presa. Crean una danza de persecución que poco a poco va tomando velocidad. Las piernas forman un arco que solo pierde esta forma cuando se atreven a conectar el puño en la cara o tórax del rival. Ella no le teme a su rival y sus brazos se lanzan hacia su contrincante a toda velocidad, lanza golpes por toda la parte superior del cuerpo. Las personas en la tribuna quieren dirigir los puños. Gritan a viva voz el nombre de los peleadores, les avisan en que parte dar el siguiente golpe, todos son entrenadores por unos segundos. 

La primera pelea acaba y, segundos después, ya son dos caras nuevas las que se suben al ring. Así transcurren más de cinco peleas, una seguida de la otra y cada vez la velocidad de los golpes es mayor. Se acaba el tanteo y los brincos aumentan, el sudor se revela en los músculos sin grasa que presentan los boxeadores. El boxeo es uno de los deportes que involucra más el tema cardiovascular, es excelente para aquellos que buscan perder peso o tonificar el cuerpo. Pero en esta ocasión, los que están arriba del cuadrilátero no buscan el efecto de la buena apariencia, de la tendencia fitness que viene atrapando a las personas; dejan de lado la vanidad y se concentran en tratar de noquear al rival. 

Entre un round y otro podemos volver a escuchar el característico sonido de la campana. Es en ese momento en el que los combatientes se dirigen a sus respectivas esquinas, cuando regresan a sus primeros años de vida. Los boxeadores toman asiento en los bancos puestos con una rápida anticipación por sus entrenadores. Los sobresalientes guantes descansan sobre los muslos que no dejan el vibrar de la pelea. El coach les habla, les da de beber tal como si fueran unos niños que recién aprenden a hacerlo. Un poco de agua salpica los rostros empapados de sudor y listo, la campana ha vuelto a sonar.

El sonido de la campana anuncia el comienzo o el final de una pelea, una tras otra. Hoy no hay tiempo para nada extra. Así como se suben dos boxeadores al ring, bajan otros dos, teniendo como única diferencia que los primeros están mucho más movedizos que los primeros. El cardio pasa factura en su momento, pero hoy todos están ágiles, todos quieren eliminar toxinas y que sus golpes tengan cada vez una mejor conexión en cuerpo ajeno. Este es un deporte rápido, donde como en la mayoría de otros no vale parpadear. 

Jorvi y su camino olímpico

Entre una de las tantas peleas de hoy, hay una que nos llama la atención. Podremos ver en directo al boxeador nacional que ha sido reconocido con la Beca Olímpica, logro que lo ayudará en su preparación a los próximos Juegos Olímpicos Tokio 2020. 

Jorvi Farroñan no está visible por ninguna parte. Una parte de la Bombonera del Estadio Nacional lo mantiene oculto. Más allá del cuadrilátero, en otra sección de este recinto, se ubican los sacos de boxeo tras los cuales algunos boxeadores vienen dando unos golpes. Jorvi sale a luz vestido con un short, zapatillas y una notable casaca blanco con rojo que forma parte de su uniforme oficial. 

Farroñan fue uno de los mejores deportistas peruanos en los pasados Juegos Panamericanos Toronto 2015. Sus buenos golpes y talento hicieron que el joven boxeador llegara hasta los cuartos de final de este importante certamen. Un hecho que pasó hace tres años marca ahora la preparación de Jovi con el objetivo de llegar a Tokio 2020. 

Jorvi no observa todas las peleas, aparece y desaparece de las gradas. Tres peleas antes de la suya, se acomoda en una de las gradas más elevadas y comienza a estirar. Mientras sus músculos se pegan a su casaca, él aprovecha el momento y se ríe con sus amigos, aleja las presiones y se prepara para su combate. 

Uno de los momentos de mayor concentración para los boxeadores es cuando se colocan las vendas que protegen sus nudillos. Jorvi fija su mirada en el accionar de sus manos, en el movimiento de sus dedos acomodando la tela que busca suavizar el fuerte trabajo de los puños. Le sigue el movimiento de los tobillos, la búsqueda de entrar en calor. Unos giros, unos saltos y ya el sudor comienza a aparecer en el rostro duro del boxeador.

Jorvi sube al ring y los espectadores ya quieren empezar a dirigir sus movimientos. La campana suena y con ella el duelo de miradas a través de los marcos de la cara. Ya han pasado varios combates, el tanteo se dejó a un lado, ahora los puños vuelan. Jorvi da saltos y crea giros rápidos para esquivar al rival. La danza del boxeo va tomando forma. 

La cintura se desgasta, los brazos se pueden sentir pesados pero nunca baja la fuerza. La mayoría de peleas anteriores presentaba a un respectivo ganador, pero hay otras que no, como en el caso de Jorvi. Mas tarde nos explica que se enfrentó a un rival extranjero que viene entrenando en la capital. 

La campana afirma que el último round ha terminado. El público aplaude el show de los puños que presenció y se prepara para la próxima pelea. Jorvi camina rápido hacia las escalerillas y desaparece detrás de un grupo de compañeros. Otros dos deportistas ya están en el ring, nada se detiene, el combate de Jorvi ya fue olvidado. Los murmullos ahora son acerca de los que ahora pisan la lona. 

Minutos después, encontramos a Jorvi dándole golpes al saco. Este nos sonríe, gesto que no se vio durante el combate y su pecho aún se muestra agitado por el trajín. Nosotros nos preparamos para irnos, pero él seguirá entrenando. Mientras él  estaba arriba del ring pensé que su visión del momento es corta. La concentración debe ser extrema, por lo que nada de lo que pase en las gradas es importante. Pero una vez que la pelea a finalizado, Jorvi mira en todas las direcciones, reconoce el lugar, puede observar de reojo y ver de manera completa sus metas. La más importante: Tokio 2020.

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