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[Déjame que te Cuente] El escondite del frontenis

marzo 25th, 2018 | by Record
[Déjame que te Cuente] El escondite del frontenis
Columna | Déjame que te Cuente
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Clase maestra de: Pelota Vasca

La pelota se pierde en el aire por unos segundos. Derecha, izquierda, un parpadeo es un punto perdido. En medio de montones de arena, tierra y vehículos de construcción, se observa una pared verde de gran altura en la cual un grupo de jóvenes manejan unas raquetas.

Hay un deporte que se titula pelota vasca y que es practicado en el Perú, incluso se tiene una selección nacional. No sale en las portadas de los diarios deportivos al igual que muchas otras disciplinas, pero existe y se vivirá en la capital en los próximos XVIII Juegos Panamericanos Lima 2019.

Por Erika Vásquez Zárate (@VasquezErika28) / Foto Erikson Montenegro

Al conocer algo nuevo la curiosidad aflora, por lo que una buena dosis de emoción nos acompaña rumbo a Villa María del Triunfo. Durante el trayecto, Bruno Semino -seleccionado de pelota vasca- comienza a relatar las diversas modalidades que podemos encontrar en la pelota vasca, y nos detalla que cada una de ella se diferencia por el tamaño de cada cancha de juego. Hoy conoceremos una de ellas, el frontenis.

Luego de pasar el respectivo tráfico limeño, nos adentramos a calles más estrechas y que nos acercan a nuestro destino, el Complejo Andrés Avelino Cáceres. Al llegar se distinguen los logos del Instituto Peruano del Deporte (IPD) a lo largo de la fachada. Ingresamos y somos recibidos por un marco de construcción que nos avisa que Lima 2019 está a la vuelta de la esquina, literal. Caminamos un largo tramo acompañados de “Marrón”, la mascota del lugar, este nos guía hasta una pared verde en la que cuatro personas se desplazan por medio de la cancha.

Ubicación y herramientas

El escenario es grande y se le denomina frontón, el suelo será llamado cancha en esta modalidad de frontenis, disciplina que están ejecutando Gonzalo, Mía, Sebastián y René. Este frontón consta de un frontis que es un lado de pared en el que siempre deberá caer la pelota que luego a de presentarse. Hay también, un lateral izquierdo y la parte del rebote. La cara “sin pared” tiene una reja que no permite que la pelota se cuele por el público asistente, es como una protección. Bruno afirma que muchos jugadores usan ésta como apoyo para salvar un punto.

Una vez ubicados, distinguimos cada sección que para hasta ese entonces eran solo tres paredes verdes. En el lateral izquierdo del frontis se observan números, los cuales sirven para que los jugadores se ubiquen tanto en el saque como durante el desarrollo del juego. Los cuatros jóvenes que están en el frontón continúan golpeando una pelota bastante pequeña, pero que posee una velocidad admirable. Es una circunferencia blanca de 40 gramos al parecer inofensiva al tacto, hecho del cual luego descubrimos su falsedad..

La raqueta que se utiliza es muy similar a la del tenis. Ante mis ojos es la misma, pero Bruno me explica que el trenzado de cuerdas es distinto, que incluso es posible usar un doble cordaje en esta modalidad. Observo una vez más la herramienta empleada en el frontenis y me atrevo a cargarla, no pesa casi nada y hasta siento que sería fácil jugar un rato. Bruno nos enseña otras paletas que son características de otras modalidades. Ahora pienso que esas no son nada amigables para manipular. Una de ellas es la paleta de cuero que se puede emplear en frontón y en trinquete. Esta sí pesa. Según la página oficial de la Federación Internacional de Pelota Vasca (FIPV) está hecha de madera y contabiliza entre 550 a 600 gramos. La pelota que acompaña a esta disciplina es una nada inofensiva pelota de cuero. Se le tiene tanto respeto a esta especialidad que incluso se juega con un casco. Bruno no tiene uno de estos en la mano, pero los videos encontrados la protección que cubre la cabeza de cada jugador.

Juguemos

Bruno comienza con su rutina de estiramientos y el respectivo calentamiento antes de entrar al frontis mientras nosotros seguimos hechizados observando las paletas y sus pelotas compañeras. Los brazos de Bruno se estiran y pasa lo mismo con sus piernas, unos cuantos saltos y giros de cintura y listo. Entra a la cancha que al verla con detenimiento puede parecer una jaula bastante grande. Llama a uno de los chicos y susurran; a pesar de estar en medio de la nada no logro escuchar ni un detalle más. Al final solo quedan cuatro personas en el centro del escenario, van a jugar en parejas.  Uno de los deportistas se sienta a mi lado, le toca descansar y apreciar un nuevo juego.

Bruno se ubica unos pasos más atrás que su compañero Sebastián, en su paralela se ubica Gonzalo y al mismo nivel que su par se posiciona Mía, siendo estos dos últimos la dupla rival de Bruno y Sebastián. Es cuando descubro que los dos deportistas de atrás se les denominada zagueros y a los de adelante, delanteros, nada predecible.

Al igual que el frontón o el tenis, todo empieza por un saque. El objetivo es que la pelota sea devuelta (respondida) antes que de dos botes. El brazo izquierdo de Bruno se estira y el giro de su muñeca hace que la raqueta impacte en la pequeña bola blanca que viaja demasiado rápido. Un parpadeo y ya la circunferencia está en la raqueta de otro jugador, otro parpadeo y el delantero no puede responder. Es punto.

Todo es ida y vuelta. Se asemeja a un partido de tenis por la movilidad que tienen nuestros ojos. Izquierda, derecha, la pelota blanca manda en el frontis. Los jugadores se estiran, el chillido de sus zapatillas es parte del espectáculo, eso y uno que otro resbalón que genera un par de risas. La primera dupla que llegue a los 10 puntos gana el primer set. Los zagueros son los que presentan mayor desgaste. Ellos son los que más pelotas responden y que traman que estas no sean contestadas por los delanteros. Estos últimos tampoco permanecen quietos, pero tiene un poco menos de movilidad, eso sí, siempre atentos a la trayectoria de la pelotita.

Último saque

Mientras pasa la tarde, son varios los juegos que se ejecutan en el frontis. Llegan dos jugadores más, Kevin y David. Los turnos cambian y al final todos logran jugar varias partidas. Los zagueros son siempre los mismos y los delanteros también conservan su lugar, es parte de la costumbre y de que cada posición tiene un transpirar distinto. En lo que todos coinciden es en mostrar la elasticidad de sus articulaciones. Sus brazos se estiran o encogen dependiendo del golpe que le quieren dar a la pelota, dependiendo el rebote de esta. Las piernas de todos permanecen un tanto abiertas y las rodillas siempre semi flexionadas a la espera de una respuesta. Algunos vuelan un poco, otros se estrellan contra la reja frente a nosotros y otros son impactados por la dichosa pelota blanca.

De un momento a otro, mientras observo a lo lejos las máquinas de construcción, uno de los jugadores está en el suelo, su cuerpo se doble en dos e intenta con su brazo izquierda sobarse la parte intermedia de la espalda. La pelota blanca tomó revancha e impactó en la zona lumbar de David. Este se queja y Bruno me dice a lo lejos que hay que sobarle la parte adolorida porque si no se hinchará. El diminuto balón es peligroso.

El sol se va alejando y esa es nuestra señal para ir guardando la libreta y tomar las últimas fotos. También interviene el hecho de que Bruno y un grupo de los chicos deben ir al Centro de Esparcimiento del Jockey Club para seguir entrenando. Esta noche ellos no descansan y tendrán partidos de práctica con la selección de paleta frontón.

Los que quedamos en el frontis recogemos nuestras pertenencias y nos acercamos al camino arenoso que nos aguarda. Los jugadores no se muestran cansados tras esta tarde de entrenamiento y más bien están motivados por seguir con sus planes para la pelota vasca nacional. No hay cansancio que los detenga de su próximo objetivo, los XI Juegos Suramericanos en Cochabamba (Bolivia). Me contagian su buena onda.

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